
Sorpréndete sumergiéndote en la magnífica arquitectura de los edificios religiosos y civiles, construidos durante la época colonial gracias al auge minero que Guanajuato vivió entre los siglos XVII y XVIII.
A cada paso podrás descubrir pequeñas, simples pero coloridas y llamativas casas juntitas en callejones que te llevarán siempre al cerro o al centro, pudiendo concurrir en el Jardín de la Unión, donde todos se encuentran y platican, o bien podrás visitar el Mercado Hidalgo con su fachada tan porfirista, podrás navegar en diversos túneles que de pronto no sabes a donde te llevan, pero seguro te llevarán al bonito Paseo de la Presa de la Olla, o a la Alhóndiga de Granaditas, escenario de la Independencia.
Imagina un poco de algún pasaje de Sancho y el Quijote, en sus aventuras mientras suben a la Universidad y desde el punto más alto avientan requiebros a las Musas del Teatro Juárez. Podrás dejarte llevar cual tradicional visitante a las Estudiantinas, al Callejón del Beso, al Pípila y a las Momias o tal vez también te dejes raptar por alguien que te querrá mostrar sus territorios distinguidos como son la Plaza de Mexiamora, la clásica y artística Plaza de San Roque, Mellado y por qué no visitar los pueblitos mineros un poco más allá, donde parece que el tiempo se detuvo.
En diciembre o en domingos de turistas, o entre semana, en mayo y en exámenes, lleno de estudiantes, en Cervantino o en las Fiestas de la Presa de la Olla, Guanajuato siempre, todos los días, todas las temporadas, te ofrece un momento justo para lo que vienes buscando.